jueves, 28 de marzo de 2013

Los efectos de la crisis II

(...viene de Los efectos de la crisis I)

Lsojetos no respían
—Lsojetos no respían, no, no tien pulmones, no espiran, losojetos no rspiran...

—Te parecerá bonito tanto desorden y tanta guarrería —bajo el quicio de la puerta, la figura distorsionada de mi madre se afanaba en los trabajos de demolición y reconstrucción—. Ahora mismito te vas a la ducha y metes ese pijama y las sabanas a la lavadora.

      A pesar o quizás por el hecho de saber que mi madre en ese momento estaba a cientos de kilómetros de distancia, me pareció menos humillante someterme a su ilusión y obedecí mecánicamente, levantándome de la cama sin el menor esfuerzo. Empecé a quitar la ropa de cama y entonces lo vi. O mejor dicho, no lo vi. El calendario había desaparecido y en su lugar había un orificio en la pared del tamaño de una mirilla, a través del cual se adivinaba un universo de mujeres desnudas. Intrigado, me asomé a mirar, pero cuando estaba a punto de descubrir el misterio al otro lado del muro me entró agua en los ojos.

      Salí de la ducha confundido y volví apresuradamente a la habitación, sin tiempo para secarme. Al llegar al umbral de la puerta me detuve petrificado, no había rastro del espejismo de mi madre y colgando de su escarpia volvía a estar aquel almanaque desde el que me sonreía la reina de los reptilianos. ¿Que estaba pasando? El miedo volvió a apoderarse de mí en forma de taquicardia. Tuve que sujetarme al marco de la puerta para paliar las palpitaciones. Era como si el corazón quisiera atravesar a golpes la caja torácica, y el estómago, contagiado, intentara escapar de su reclusión por el orificio de la boca.

      Mientras intentaba controlar el vómito, se abrió la puerta de la calle y entró uno de mis compañeros de piso acompañado de una chica, una réplica joven de Jane Balder, que me saludó con una de sus sonrisas maliciosas. Paralizado como estaba, sólo hubo una parte de mi cuerpo que supo corresponder haciendo el saludo nazi, dejando de manifiesto mi obscena desnudez. Abochornado y aturdido, me encerré en la habitación.

      Al darme la vuelta me di de bruces con el calendario, pero esta vez no sentí miedo. Algo había cambiado, algo que hizo que me relajara de inmediato. Uno de los días había sido enmarcado con rotulador. Me acerqué y casi me mareo. Sobre la tipografía del santo del día, caligrafiado en mayúsculas con letra materna estaba escrito el siguiente lema:



...y unos delicados nudillos golpearon a la puerta.



4 comentarios:

Pluma Roja dijo...

No sé siempre coincidimos en algo, ahora es con el día.

Soñé que buscaba un número telefónico y no lo encontraba pero me acordaba de él 22540260 o 0250 pasé todo el sueño repitiendo ese número, al despertar el número no me decía nada, pero....el día 22 que es hoy, sucedió que operan a mi perrita. No tiene nada que ver con su relato solo en la coincidencia. Ahora entro a su blog y miro peligrosamente dibujado el número 22. Espero que no sea un mal presagio y que la perrita salga bien de la operación. Me dio escalofrío.

Sigo en espera de su continuación.

Saludos afectuosos.

Bolki dijo...

Querida Pluma Roja. Por el bien de ambos, espero que su perrita siga moviendo la colita (Me da mala espina comprobar que no ha publicado desde la operación)
Ahora me siento responsable de su suerte.
Por si acaso y por si sirve de algo, actualizo ya mismo.

Un abrazo

Pluma Roja dijo...

Buenas noches apreciado Bolki, debo comunicarle que desgraciadamente mi perrita falleció el día 23 del corriente mes. El 22 señalado en su calendario fue operada.

Mi sueño fue premonitorio.

No salgo del dolor que me ha provocado pero estoy en el proceso de superación. Espero dentro poco salir de esta situación.

Saludos. Vendré por acá a leerlo despacio no puedo hacerlo por ahora.

Bolki dijo...

Hoy Valladolid ha amanecido de un gris triste y plomizo. Lleva toda la semana lloviendo dolor.
Amiga, de veras que siento su pérdida. No puedo reconfortarla mejor que con su propio texto y las palabras de Ricardito

Un fuerte abrazo

no se olvide