viernes, 30 de octubre de 2015

El Laboratorio de Ciencias

      La puerta del laboratorio de ciencias siempre permanecía cerrada. Como nadie recordara haberla visto abierta, sospechábamos que tras ella sucedían cosas terribles. Con el paso del tiempo, dedujimos que era allí donde ocultaban los cadáveres.




      Un día, Reverte trajo unos cigarrillos holandeses que le había afanado a su padre y nos invitó a fumar en el recreo. Entonces nos contó de una vez que consiguió asomarse a hurtadillas al laboratorio, descubriendo a un grupo de profesores que infringían todo tipo de atrocidades al cuerpo inerte de un crío de nuestra edad. Aberraciones inhumanas, dijo con regocijo, y a todos nos entró el canguelo, porque las aberraciones inhumanas daban mucho canguelo, aunque no tuviéramos ni idea de lo que eran. En el debate que se suscitó a continuación, Camilo nos explicó que aberraciones era dar por culo, que su madre se lo decía a su padre. Y que por eso sus padres estaban condenados al infierno sin readmisión.

—Remisión— corrigió Bergamín.
—Chorradas— dijo Camilo —¿Cómo se va a remitir nada desde el infierno?
—Pues al infierno se va sin remisión de toda la vida de Dios— replicó Bergamín —, eso lo saben hasta los negros.
Lo que suscitó una nueva polémica entre la lógica popular y la tradición cristiana en la que estuvimos enfrascados hasta la hora de volver a clase de Geografía e Historia.

      Me quedé rezagado contemplando como entrábamos en la clase y decidí seguirme a cierta distancia, pues no quería que mi cuerpo hiciera algo de lo que luego tuviera que arrepentirme.

Al entrar en clase, el padre Moratinos mandó salir al encerado a Federico García y comenzó a dictar:

“Antiguamente, la gente era muy aficionada a perder la cabeza. Se montaba una revolución y todos perdían la cabeza, hasta los locos……”
A continuación, se levantó de la mesa, agarró a Federico por detrás y bajándole los pantalones hasta los tobillos, comenzó a practicar con el todo tipo de aberraciones. Ante mi asombro, el resto de mis compañeros, incluido yo mismo, continuamos escribiendo en nuestros cuadernos
“…Esta propensión insensata fue patentada en su día por un avispado francés y acogida como la última novedad del salón de las nuevas tecnologías por el resto.”
Comprendí que estaba sufriendo una alucinación y cerré los ojos con fuerza. Intenté taparme los oídos, pero mis manos no dejaron de escribir la cantinela del padre:
“…En poco tiempo, toda Corte que se preciara, disponía de mecanismos ingeniosos para descabezar a sus súbditos…”
Al abrir los ojos las cosas habían empeorado. Los padres de Camilo se habían incorporado al cuadro y practicaban aberraciones sobre la mesa del profesor. El propio Camilo, de pie junto a sus padres, tomó el relevo al padre Moratinos en las labores de dictado:
“…y los Raymonetes de turno recorrían las distintas ejecuciones públicas dando por el culo a los reos como cobro del canon capital…”
Mis compañeros, que en fila de a uno esperaban su turno con los pantalones bajados, cantaron a coro:
“del latín caput, capitis. ¿Entiendes?”
Entonces mi cuerpo se levantó, se arrancó la cabeza, la depositó sobre el pupitre y se incorporó a la fila mientras se bajaba los pantalones. Mi cabeza quedó contemplando el reverso de Reverte, cuya cicatriz-boca continuó el dictado:
“..De alguna manera sibilina, esta costumbre se incorporó al código genético de las madres de la raza humana,…”
Mientras hablaba, la cara b de Reverte se iba transformando en su madre. Los labios cicatriz mudaban carnosos y llenos de sensualidad, las cuencas vacías se colmaban de miradas traviesas y azules que jugaban al escondite tras una cortina de pestañas...
“…que generación tras generación, siguen utilizando el golpe en la cabeza para corregir las actividades díscolas de su progenie,”
Y me arreaba un bofetón, para a continuación arroparme entre sus brazos y acercándome a sus pechos desnudos, introducir un rosado y erecto pezón entre mis labios, amamantando así mi excitación. Excitación que, con el rabillo del ojo, pude ver como se reflejaba en mi cuerpo en forma de una indiscreta erección en el momento justo en que el padre Moratinos se disponía a aberrarme.
“dejando para la Santa Madre Iglesia, la ingrata tarea que supone ocuparse del canon.”
Empecé a notar su miembro y grité. Me soltó otro bofetón y empezó a zarandearme con fuerza.
—Tío, que se te ha ido la olla— Reverte me agitaba preocupado desde su cara buena —¡Jooder, Kojak! Te has cagado encima.— Y salió corriendo.

Me quedé rezagado contemplando como entrábamos en clase. Esta vez decidí no seguirme, entonces, mi cuerpo se frenó en seco y regresó con desgana a este lado inmundo de la realidad.

      A Reverte lo expulsaron por llamar perfecto mierda al padre Moratinos en clase de Geografía e Historia, y no lo volvimos a ver. Entre los compañeros empezó a circular el rumor de que lo habían fusilado en la tapia del patio, para luego esconder el cuerpo en el laboratorio.




4 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Buenas tardes señor Bolkoien, debería más seguido a deleitarnos con sus cuentos. Son interesantes y enseñan ¡Ah! pero también inspiran.

Bienvenido.

Ben Bolkoien dijo...

Buenas noches, querida Pluma. Que más quisiera yo que poder pasar por aquí más de seguido, pero es que, como decimos por aquí, la cosa está mu malíta.

Un beso

Sergio Biosca dijo...

"Me quedé rezagado contemplando como entrábamos en la clase y decidí seguirme a cierta distancia, pues no quería que mi cuerpo hiciera algo de lo que luego tuviera que arrepentirme."

Cuántas veces no habré vivido esta suerte de desdoblamiento. Y sin embargo no lo hubiese descrito mejor.

Magnífico relato.

Ben Bolkoien dijo...

Gracias Sergio
A mí también me ha pasado, bueno, me sigue pasando constantemente pero ya ni me doy cuenta.

no se olvide